En el arte del rejuvenecimiento facial, pocas estructuras tienen un impacto tan transformador como los pómulos. No se trata simplemente de “poner volumen”; se trata de restaurar la arquitectura ósea perdida, el soporte fundamental que define la juventud. En FORMACURAE, enseñamos que un abordaje correcto de la zona malar es la piedra angular de un full face armonioso, un lifting sin cirugía.
Análisis: ¿Por qué “caen” los pómulos con la edad?
El envejecimiento facial no es solo un descolgamiento de la piel. Es un proceso tridimensional de reabsorción ósea, pérdida de grasa profunda (atrofia del compartimento graso de Bichat) y laxitud de los ligamentos de soporte (como el ligamento orbitomalar y cigomático). Esto genera:
- Aplanamiento del tercio medio facial.
- Desplazamiento hacia abajo y hacia delante del paquete graso malar (creando los surcos nasogenianos).
- Pérdida del punto de apoyo que eleva los tejidos blandos, dando una apariencia de cansancio y pesadez.
El arte de la armonía: Planificación y técnica
- Análisis Fotográfico y Palpatorio: Determinamos qué puntos están más deficientes. Un rostro joven suele tener los tres puntos bien definidos.
- Elección del Cóctel de Productos: Raramente se usa un solo producto. Un protocolo de elección puede incluir un producto ultra-cohesivo para el punto alto, uno de densidad media para el punto medio y uno fluido/integrador para la transición baja.
- Técnica de Seguridad: Cánula roma (generalmente de 25G o 27G, de 50mm) para el abordaje supraperióstico y sub-SMAS. Minimiza el riesgo de daño vascular (arteria angular, arteria infraorbitaria) y permite un depósito más suave y difuso del producto.
- Integración en el Full Face: El tratamiento malar se planifica en conjunto con la fosa temporal (para el apoyo lateral), el surco nasogeniano y la línea mandibular. Un pómulo elevado sin un borde mandibular definido puede desequilibrar el óvalo.
Dominar la zona malar es comprender la biomecánica del rostro. No inyectamos para crear pómulos “de muñeca”; inyectamos para reconstruir los puntos de apoyo perdidos, devolviendo a los tejidos blandos su lugar original.
El resultado final no debe ser un pómulo visible, sino un óvalo facial rejuvenecido, armónico y natural: unos pómulos que se perciban como parte integral de la estructura del paciente, proyectando luminosidad, salud y, sobre todo, una juventud recuperada desde los cimientos.
En FORMACURAE, transformamos la teoría anatómica en técnica aplicada. Aprende a ser el arquitecto del rostro de tus pacientes.
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